
Llamamos crisis de civilización al elemento constante en la decadencia de un modo de producción: la contradicción entre crecimiento sistémico y desarrollo humano. Esa contradicción opera de forma permanente a lo largo de todo el periodo, con independencia de que las crisis y las guerras sean más o menos virulentas o duraderas, y solo desaparece cuando el modo de producción es superado.
Crecimiento vs desarrollo
Mientras un modo de producción está en su fase ascendente, su crecimiento y el desarrollo de las capacidades humanas van de la mano. En el capitalismo ascendente, en el contexto de un sistema que está extendiéndose por el mundo, las mejoras de productividad del trabajo producen mayores niveles de consumo para los trabajadores, reducciones de jornada y un desarrollo general del conocimiento social que se aplica a la mejora de las condiciones de vida generales de la sociedad.
Cuando el sistema entra en decadencia, crecimiento y desarrollo se divorcian. Las relaciones de producción dejan de ser formas de desarrollo de las fuerzas productivas para convertirse en su freno, y el crecimiento, tal como lo define el propio sistema, como crecimiento del capital (=acumulación de capital), empieza a hacerse a costa del desarrollo humano.
Como la principal fuerza productiva es la clase trabajadora y el sistema ya no puede generar de forma sostenida mercados para todo lo que es capaz de producir, el capital se convierte en una máquina permanente de devaluación del trabajo y por tanto de la vida de los trabajadores.
Cada mejora técnica que permitiría producir más con menos trabajo ya no produce mejores condiciones vitales. Se convierte en paro, precariedad, exclusión y miseria en lugar de una mayor satisfacción de las necesidades humanas universales. Se tuerce su desarrollo para servir al militarismo y la guerra o para aumentar el control totalitario de la sociedad. En la cultura y las formas de relación interpersonal acaba multiplicando la atomización y el embrutecimiento en vez de servir al desarrollo de cada uno.
Las «condiciones objetivas» que impone la crisis de civilización
Esa contradicción entre crecimiento y desarrollo que define la crisis de civilización está presente en las fases de recesión y en las de crecimiento del PIB, tanto si las crisis son agudas y breves como si se vuelven crónicas o perennes. La crisis de civilización no se mide por el comportamiento de la producción en un país concreto ni por el estado del comercio mundial, sino por la distancia, cada vez mayor, entre lo que la Humanidad podría y necesita hacer con sus capacidades productivas y lo que el capital hace con ellas.
La evolución de ese divorcio entre crecimiento (del capital) y desarrollo humano no sólo significa que la superación del capitalismo sea inmediatamente necesaria sino que es cada vez más urgente. De hecho, el desarrollo de la crisis de civilización apunta a convertirse, en cada vez más ámbitos -de la guerra al cambio climático, de la salud a la alimentación- en un antagonismo entre el capital y la vida humana misma.
La dialéctica del devenir histórico no pone la revolución social en el orden del día porque balanzas de pagos e inversiones estén desquiciadas, ni porque las mercancías invendidas se abarroten en cantidades fabulosas y arrojen al paro millones y millones de obreros. [...] No, no; lo que origina posibilidad y necesidad de revolución comunista es mucho más profundo que eso, es esencial, no accidental. Reside en el funcionamiento mismo de la civilización capitalista, cualquiera sea el estado de sus negocios. No se trata tampoco de algún aspecto determinado del sistema, sino de todo él, estructuras y superestructuras, lo económico, lo político, lo cultural en sus múltiples facetas, las propias costumbres y relaciones entre los hombres que le son propias. Todo ello se ha transformado en restrictivo, inadecuado, obstáculo al florecimiento individual y colectivo.
El paro obrero es una de las consecuencias del capitalismo, pero no es él lo que engendra la necesidad de revolución, sino las condiciones de trabajo, consumo y vida impuestas al proletariado mundial, el trabajo asalariado; cualquiera sea la paga. Así mismo, la crisis dicha de sobreproducción es o ha sido un bache en la senda del desarrollo industrial, pero no es su aparición, sino la persistencia del industrialismo capitalista lo que llama a la supresión del sistema, pues los instrumentos de producción han adquirido sobrada capacidad para liberarlos de su mezquindad mercantil. Y así sucesivamente.
En resumen: la forma asalariada del trabajo está en contradicción absoluta con la capacidad de los instrumentos de trabajo. La separación entre uno y otros se ha convertido en innecesaria, y por lo tanto es destructora, cualesquiera sean los índices de crecimiento.
Manuel Fernández Grandizo (Munis), «La imposibilidad de desarrollo capitalista» (1972)